Tira el violín en una esquina, arruga una de las partituras, y se sienta en el piso a reflexionar, quiere llorar pero se contiene.
Hay algo adentro que no la deja ser feliz, hay algo o falta algo. No puede dormir, la cabeza le duele más que el mismo corazón, y la comida no le sabe a lo mismo.
Trece, hoy llegó a la pesadilla número trece.
La serie de sueños apocalípticos comenzó hace tal vez dos meses cuando un atracador fantasma la sometía a un paseo millonario en un taxi destartalado y tenebroso. Luego el incendio que ella provocaba y del cual huía lejos con una taquicardia inexplicable. La estatua de la libertad le cayó encima y aunque sobrevivió no podía dejar de pensar en la cantidad de gente muerta que había en las calles, el humo, las sirenas de los carros y los gritos de la muchedumbre. Viajó a París y allí la torre Eiffel se desmoronaba en un ataque terrorista del cual ella corría despavorida hasta una especie de cueva extraña en donde se refugiaba entre llanto y desespero.
Por si fuera poco un día mientras trabajaba en su oficina sintió cuatro puñaladas en la espalda, el aire se extinguía así como su vida, sentía ahogarse entre su propia sangre y luchaba por sobrevivir haciéndose pasar por muerta sobre la alfombra.
Foto: Autofoto, tìtulo: ojos de la luna
Eran las 4 de la tarde cuando ella y su madre conversaban frente a una ventana, discutían por algo, y de repente un remesón muy fuerte en la tierra tumbaba las paredes de la casa mientras el ventanal se esparcía en mil pedazos sobre ellas, sobrevivir dependía de un salto de ella sobre dos altos edificios pero no hizo nada.
Estaba dormida sobre su cama cuando sintió a su lado compañía, abrió los ojos, miró el reloj y sonrió pensando era su ángel, sin embargo era un mirada perversa y una boca pintada la que se encontraba a su lado, el horrible payaso le hablaba despacio amenazándola de muerte, riéndose duro y aprisionándole el cuello, ella permanecía inmóvil hasta que se despertó y observó que la hora en el reloj coincidía con la de su sueño.
Avispas de color azul en la ducha recorriendo sus pies mojados, gritos, llanto e hinhanzòn en el pie, acude la madre con una escoba a espantar los extraños bichos azules.
Una aterradora máquina de besos llena de agujas se le entierra en la boca, mientras el doctor le informa de las seis inyecciones más que le hacen falta para la fertilidad, al fondo Cabas le canta increíble y ella vuelve a puyarse la boca con las agujas.
El último fue ayer, caminaba con un niño pequeño rumbo al apartamento de la abuela, había muchos pasteles de cumpleaños en la mesa, cuándo por la ventana se reflejaba la fuerte lluvia que cayó sobre la Ciudad Gris, de repente la lluvia se convirtió en tormenta y culminó en una inundación apoteósica sobre los edificios, la ventana se rompía y el agua alcanzaba a inundar el apartamento, los carros flotaban como barcos de papel y la gente de los pisos altos miraba aterrada por sus ventanas. El pánico se apoderaba de ella, tomó su celular para comunicarse con sus padres, pero le contestó la madre desde su auto sollozando la muerte del esposo. Ella se arrodillo sobre la alfombra, lloró y gritó tan fuerte que logró despertarse.
Retomó el sueño a la madrugada y continuó sumergida en la misma pesadilla, armas, balas perdidas, secuestros, inundaciones, amenazas, persecuciones, accidentes automovilísticos, todo en una misma noche.
Siempre al borde de la muerte, asustada, corriendo, llorando y con la taquicardia que le delata el pánico y las ganas de no morir. Aunque quiere desempolvar a Freud y asumir que está muerta de miedo por algo y que sólo su inconciente lo sabe en aquel mundo onírico, prefiere seguir atribuyendo los sueños apocalípticos al exceso de televisión o a la falta de compañía en las tardes.
Es cierto que ahora se ríe más y ya nunca está enojada, pero, algo pasa adentro, el dolor en el pecho es cada vez màs intenso, hay una aguja en el corazón que no la deja descansar, un vacío o un exceso, un sueño o una pesadilla. Hay algo horrible, podrido e indudablemente muy doloroso, tan fuerte que ella es incapaz de enfrentársele en la realidad. Mientras no lo solucione seguirá con el mismo sonido áspero en el violín, con la mirada perdida y las inexplicables ganas de llorar.
Asumir o no asumir??
Damn it!
¡Que alguien despierte a la Luna, por favor!!!
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La Luna recomienda hoy: una pelìcula "mullholand drive".. ¿recuerdas esta peli hermana mia?? , lo que pasa es q no quiero verla y llorar sola!









