No vine a escribir, realmente vine a leerme. A hojear el pasado y a reírme un poco de mis sandeces y letras.
Un poco de pena al releer viejos textos. Otro poco de agradecimiento y alivio al saber que las cosas del ayer están en su perfecto lugar: El ayer.
En el retrovisor de la vida como en el de los carros todo se ve más cerca y más grande que lo que realmente es. Memorias que sirven para esquivar errores del futuro o para encaminar lo único inmutable y sagrado que tenemos: la esencia.
Volver a escribir es como volver a manejar después de mucho tiempo; la primera cuadra da miedo y sin duda el acelerador no va tan profundo como alguna vez fue. Si aun existe algún lector pido excusas por los atravesados y torpes giros de este post. Da miedo sacar de sí eso que ha estado guardado casi 2 años.
Pensamientos en desorden que no son más que una dulce sopa de recuerdos, nostalgia y expectativas.
Que bueno ver atrás para luego mirar de frente. La vida me sabe de nuevo a chocolate. Perderse es tan necesario como volverse a encontrar.
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Encontrase.
sábado, 28 de marzo de 2015
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