Y la muerte se hizo evidente en su propio existir cuando ya no sintió nada más que llanto.
Las palabras fueron sus verdugas, los hechos el arma suicida. Sólo basta un segundo para morir en vida, para clavarse una daga por accidente y fallecer en el intento de no asesinar a nadie más.
Después de muerta ya no queda nada. La endeble esperanza de resucitar se extingue con cada tic tac del reloj…
Tic tac, una lágrima, dos lágrimas, un millón de ellas.
Tic tac, y la agonía.
Tic tac, y la infinita tristeza.
Tic tac y la daga sigue allí, aprisionando la sangre y el espíritu; asesinando sueños; aniquilando la felicidad.
Los muertos no duermen, no comen, no sonríen. Los muertos no tienen compañía, ni besos, ni abrazos, ni cosquillas, ni se ríen de chistes flojos, ni dan o reciben amor. Sin embargo ella en su estado inerte sigue anhelando un abrazo fantasma que le devuelva un pedazo de aliento.
¿Se vale estar muerto y seguir esperando el amigo?
(Mierda, el amigo también lo maté…)
Los difuntos no sienten… A ella aún muerta, le duele el cuerpo y el corazón, es que ni así evita su sufrir.
Sólo le queda aceptar las secuelas de la muerte voluntaria y dejarse ir.
Es que no fue un error, fue un suicidio.
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Killing me softly.
*Regresaron las musas asesinas...
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3 comentarios:
Es cierto, no hay errores.
Y el muerto, no muere como tal. Vive en ti y en cada uno de nosotros.
Me gusto mucho este post y me alegra mucho que tus musas regresen, esas musas que inspiran tan buenos post, post me gustan leer.
Saludes.
Juajaujau,,,
que me late que Issa, en realidad es Donna o L??
jajaja..
Ni que me importara...
en todo caso bienvenida por aquì..
Chevere q me leas..
Abrazos!
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