Descubrió que salirse del renglón no es tan fácil. Sobretodo si siempre ha escrito derecho y con letra clara.
Una parte de ella sigue creyendo y otra, la que cicatriza, decide no volver a creer nunca más.
La música no tiene la culpa, ni eso tampoco.
En todo caso se blinda, prefiere pensar con la piel antes que con el corazón.
Está en uno de los mejores momentos de su vida, encontró la Pasión que había estado buscando. Cada día es una aventura, una sorpresa que la llena de sonrisas. No tiene un plan.
Se bebe la vida a sorbos mientras mira por la ventana de su nueva oficina, se saborea cada instante, se ríe a carcajadas, se deja admirar y se admira.
Sin embargo lo extraña con toda su alma, lo sigue amando a pesar de los años y siempre lo hará. Es el único amor en el que cree, en el de las promesas no inconclusas. Justo ahora cuando se siente confundida anhela uno de sus sabios consejos, esos que seguro la llevarían a querer escribir con lapiz y borrador de nuevo.
Le agradece cada día, le canta, le sigue cantando. Lo busca en sueños, lo recuerda y se da cuenta entonces que la escencia siempre es la escencia.
Es ella misma otra vez, renovada, más madura, más niña, pero ella.
Al fin de cuentas siempre ha escrito con el corazón y ahí no caben escritos torcidos.
Una parte de ella sigue creyendo y otra, la que cicatriza, decide no volver a creer nunca más.
La música no tiene la culpa, ni eso tampoco.
En todo caso se blinda, prefiere pensar con la piel antes que con el corazón.
Está en uno de los mejores momentos de su vida, encontró la Pasión que había estado buscando. Cada día es una aventura, una sorpresa que la llena de sonrisas. No tiene un plan.
Se bebe la vida a sorbos mientras mira por la ventana de su nueva oficina, se saborea cada instante, se ríe a carcajadas, se deja admirar y se admira.
Sin embargo lo extraña con toda su alma, lo sigue amando a pesar de los años y siempre lo hará. Es el único amor en el que cree, en el de las promesas no inconclusas. Justo ahora cuando se siente confundida anhela uno de sus sabios consejos, esos que seguro la llevarían a querer escribir con lapiz y borrador de nuevo.
Le agradece cada día, le canta, le sigue cantando. Lo busca en sueños, lo recuerda y se da cuenta entonces que la escencia siempre es la escencia.
Es ella misma otra vez, renovada, más madura, más niña, pero ella.
Al fin de cuentas siempre ha escrito con el corazón y ahí no caben escritos torcidos.
